El estallido de movilización social y desahogo colectivo que se tomó las calles desde el 28 de abril del 2021, no es más que un nudo en la garganta que todos y todas hemos tenido por décadas, ese sin sabor de ver la profunda desigualdad en que vivimos, la pobreza extrema, las violencias contra los grupos discriminados, la minimización de las mujeres en el ejercicio de sus derechos, la ausencia de Estado, pero sobre todo el saberse inmerso en ese contexto y sentir la impotencia de no poder generar los cambios necesarios.

Fue el cúmulo de vivencias en el tiempo, las anécdotas, la historia misma y las realidades tangibles las que llevaron a que miles de colombianos y colombianas en todo el país iniciaran lo que hoy orgullosamente llamamos el “Paro Nacional”.

Sin planearse la extensión y continuidad de las acciones relacionadas con el Paro, el 28 de abril nos tomamos cada espacio público para hacerlo nuestro, para contar nuestra versión de la situación del país y sobre todo para encontrarnos en las luchas y experiencias de las demás personas. Ese día nos unió el sentimiento de desesperanza, rabia, dolor, fuerza y el deseo de recuperar el Estado de las manos de los que nos han condenado a la violencia y el desprecio absoluto del otro, al punto que se le niegan derechos fundamentales y no reaccionamos ante tal barbarie.

Ese día mirándonos a los ojos con el tapabocas bien puesto, el miedo al virus que sigue rondando el mundo, fuego en las gargantas y fuerza en el alma entendimos que el momento es ahora, que no habrá un fondo más profundo, que el Gobierno una vez más nos mentía y violentaba en la cara. Ese día supimos que, ante la carencia de Estado entre todos y todas nos cuidábamos y en medio de esa manada defenderíamos los derechos que nunca debieron quitarnos.

Las protestas en las diferentes ciudades, con la diversidad propia de la manifestación popular, han logrado hoy: tumbar la reforma tributaria, sacar al Ministro Carrasquilla, obligar el archivo de la reforma a la salud, sacar del aire el costosísimo programa de televisión del presidente Iván Duque y garantizar matrícula cero para estratos 1, 2 y 3 el próximo semestre académico.

Esa juventud que hoy está siendo atacada de forma desproporcional por el Estado, ha demostrado la entereza y coherencia que muchos por temor o comodidad hemos puesto en segundo lugar. Los logros inmediatos no detienen el Paro Nacional, ese no es el objetivo que se persigue en las calles.

El Paro no va a parar hasta que se dispongan estrategias eficientes, interinstitucionales y estructurales que mitiguen la desigualdad y la pobreza. Es el hambre y el futuro incierto lo que lleva a la gente a las calles. Les quitaron todo, hasta el miedo y por eso hoy están dispuestos a pasar días enteros en guardias de primera línea, a exponerse en enfrentamientos con ese gigante con equipamiento de acero y a recibir incluso las amenazas de esas “personas de bien” que abundan en el país dispuestas a hacer el mal.

El primer paso será escuchar a quienes están en las calles de todo el país desde sus territorios, no en el Palacio de Nariño, no con corbatas y meseros, sino en el lugar donde se viven las consecuencias de un Estado inexistente.

El segundo paso es entender que las estructuras verticales y las representaciones a través de políticos de vieja data tampoco es garantía para estos jóvenes, el diálogo será solamente con ellos, quienes hoy ponen la vida en riesgo por ejercer el legítimo derecho a la protesta. Quienes han habitado la política por años no podrán plantear la solución que no construyeron en tiempos de calma. El Paro Nacional también es un mensaje de alerta ante la falta de representatividad que evidencian los y las jóvenes en la mayoría de los políticos.

El último paso será cumplir lo acordado. Esta es una generación que ya ha despertado, que hoy sabe lo que es capaz y que no está dispuesta a entrar en letargo otros 100 años para seguir recibiendo las migajas de quienes deberían entender a la gente como el verdadero jefe.

El Paro no Para hasta que el Estado vuelva a la gente.

 

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