Por Lina García Sierra

Ante un panorama desolador con más de 71 mil colombianos que han perdido la vida por COVID19, un registro diario de muertes que ronda las 400 personas por este mismo virus, más de 500 mil microempresas cerradas en el país y un año que inició con tasas de desempleo de 17,3%, uno creería que todos los esfuerzos del Gobierno Nacional estarían concentrados en superar la crisis de salud, recuperar la económica y mejorar las condiciones de vida de quienes han sido más afectados por la pandemia.

Por el contrario, el Gobierno de Iván Duque enfrenta la crisis que vivimos en Colombia acabando con las pocas posibilidades que tiene la clase media de salir adelante. Presenta una reforma tributaria (la 8va desde su posesión), que busca disfrazar con sus acostumbrados eufemismos, en donde en resumidas cuentas pone a los que menos ganan a subsidiar a un Gobierno que ha priorizado gastar en aviones de guerra, tanquetas y dar auxilios a grandes empresas antes que solucionar el hambre de tantos territorios del país.

 

La reforma trae consigo el aumento del IVA (impuesto que paga igualmente una persona desempleada a un multimillonario dueño del sector financiero) para servicios públicos domiciliarios como agua, gas y electricidad para estratos 4, 5 y 6 y al internet desde el estrato 3, mayor sobrecosto en gasolina y ACPM, impuesto de renta para ingresos mensuales desde 2´420.000 y hasta IVA en los servicios funerarios (Sí, cuando hay 400 personas muriendo a diario por COVID)

 

La evidente desconexión de quienes ocupan la Casa de Nariño con las necesidades alarmantes que afrontan millones de colombianos y colombianas es el motivo principal para convocar a un Paro Nacional.

 

Son miles de historias las que hoy se unen a un clamor por justicia social, entre ellas encontramos al personal de salud que pide condiciones dignas en sus vinculaciones laborales; las familias que desde hace un año tienen un trapo rojo en sus ventanas pidiendo ayudas para su alimentación; las mujeres que perdieron sus empleos por retomar las actividades de economía del cuidado en los hogares; los jóvenes desempleados y las microempresas que se quedaron esperando que algún banco les diera prestamos para soportar los meses de confinamiento.

 

Todas estas voces y los actos desafiantes de un Gobierno que no solo gasta dinero en un innecesario programa de TV presidencial, sino que también ha demostrado ser incapaz de gestionar las vacunas para el total de la población, nos llaman a defender el Estado de las manos de quienes lo depredan.

 

Las manifestaciones que empezarán el 28 de abril como la hora cero de un Paro Nacional Indefinido no serán entonces un mensaje de desprecio por la vida y una postura incrédula ante la ciencia. Será la voz conjunta del pueblo que pide defender la vida con una renta básica garantizada para las personas más vulnerables a partir del cobro a quienes concentran las mayores riquezas del país y no a una clase media ya golpeada por un año de crisis.

 

Será también la evidencia de una sociedad a la que le han quitado todas las oportunidades y por ello acude a la creatividad, el arte, la cultura y sobretodo al tejido colectivo para cuidarse mutuamente, para exigir un Gobierno que escuche a las personas del común, que sienta el día a día de la crisis, actúe en consecuencia salvando vidas y no condenando a la miseria.

 

El 28 de abril nos manifestaremos desde la diversidad en cada rincón del país para recordarle a Duque que este pueblo es más fuerte que sus aliados en fechorías, que la vida nos importa y por ello reclamamos políticas sociales, impuestos que verdaderamente toquen los bolsillos de los más ricos y un plan de vacunación que nos salve de estar en el porcentaje de países que tendrán inmunidad de rebaño hasta 2024.

 

Nos vemos en las calles, en las ventanas de las casas y en las redes sociales para recordarles que como nos quitaron todo, nos atrincheramos en la creatividad y la esperanza para reconstruir a Colombia y lograr que todas nuestras voces se escuchen.

 

No olviden: tapabocas, gel antibacterial, distanciamiento, la frente en alto y las ganas bien puestas para derrotar al Uribismo.

 

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